miércoles, 8 de junio de 2011

Melancolía.






Tan extraña esa palabra, tan poco usual, y tantas veces sentida dentro de cada uno. Mil veces al día puede aprisionarnos, después de una emboscada: aprieta fuerte el corazón, haciéndonos sentir una angustia enorme sin aparente motivo en el peor de los casos, y de un modo tan irracional que ella misma se crece al sabernos rendidos.

Es un shock deliciosamente horrible; tan profundo y tan vacío, tan ligado a nosotros. La queremos y la rehusamos, según el momento.

Pero no hay escapatoria; porque donde sea, cuando ella quiera, nos tomará -de nuevo- en su regazo.

lunes, 6 de junio de 2011

Counting down steps.


-Hay veces, mi amor, te juro, que la felicidad no me la das tú. Hay veces, mi amor, que la felicidad me llega con el dolor muscular y la fatiga. Cuando siento que me supero día a día.

domingo, 5 de junio de 2011

Dolor.





Tiene múltiples formas, manifestaciones. Pero todas desembocan en lo mismo: el dolor, en sí, el shock que acompaña al golpe, la caída. El cuerpo se replega hasta que el cerebro procesa lo ocurrido -a una velocidad vertiginosa, analiza la escena-, deduce lo simple -de donde vino el golpe, la causa- y libera el dolor.


Mientras tanto, como muestra del dolor, o antesala, la mente se bloquea.

¿Se puede curar el dolor sin procesar el golpe, sin que la mente haga pleno partícipe al cuerpo?¿Curar sin ser conscientes?

Esperemos que sí, porque si no, menuda mierda.